
Muchos padres en Madrid buscan información cuando notan cambios en el comportamiento de sus hijos y se preguntan si deberían consultar con un psicólogo infantil o adolescente.
Todos hemos sido niños. Todos hemos tenido miedos, enfados, momentos de tristeza o dificultades en el colegio o con los amigos. Crecer implica aprender a manejar emociones nuevas, afrontar frustraciones y adaptarse a cambios constantes.
Por eso, cuando hablamos de salud mental en niños y adolescentes, es importante recordar algo: no todos los cambios emocionales indican un problema psicológico. Tener días malos, discutir con los padres o sentirse nervioso antes de un examen forma parte del desarrollo.
Sin embargo, a veces esos cambios dejan de ser temporales y empiezan a afectar a la vida diaria del niño o del adolescente. Cuando esto ocurre, conviene prestar atención.
La investigación muestra que los problemas de salud mental durante estas etapas no son raros. La Organización Mundial de la Salud estima que aproximadamente uno de cada siete adolescentes presenta algún trastorno mental, lo que indica que muchas familias atraviesan situaciones similares.
Muchos padres empiezan a preocuparse cuando notan cambios que no saben explicar: un hijo que se encierra en su habitación, una hija que deja de contar lo que ocurre en el colegio o un adolescente que parece constantemente cansado y desmotivado. En esos momentos surge una duda común: ¿es una etapa normal o podría haber algo más?
Por qué es importante la salud mental en la infancia y la adolescencia
La infancia y la adolescencia son etapas de grandes cambios. El cerebro continúa desarrollándose, las relaciones sociales se vuelven más complejas y los jóvenes empiezan a construir su identidad.
La forma en que los niños aprenden a manejar sus emociones durante estos años influye en aspectos importantes de su vida:
- que no son el centro del mundo (un cambio que como adultos a veces nos olvidamos que existe)
- quiénes son dentro de este mundo (soy diferente a mamá y papá, y a mi hermano/a … quiero autonomía y pertenencia…)
- cómo hay que relacionarse con otras personas (hay que expresarse, hacerse entender…no nos leen la mente)
- tolerar la frustación (todos somos diferentes, no todos nos entienden, y queremos cosas diferentes en diferentes momentos)
Cuando los niños desarrollan estas habilidades, son más capaces de expresar lo que sienten y de recibir apoyo cuando lo necesitan, y por lo tanto en un futuro, es más probable que desarrollen herramientas emocionales útiles para la vida adulta.
Problemas de salud mental más comunes en niños y adolescentes
Las dificultades emocionales pueden aparecer de distintas maneras. Algunos de los problemas más frecuentes incluyen ansiedad, depresión, dificultades de comportamiento o problemas relacionados con la imagen corporal.
Ansiedad
La ansiedad puede manifestarse como preocupaciones constantes o miedo a determinadas situaciones.
Un niño que antes participaba en clase con normalidad puede empezar a evitar levantar la mano por miedo a equivocarse. Otros muestran mucha angustia antes de ir al colegio o antes de participar en actividades con otros niños.
El estado de activación fisiológica típico de la ansiedad (tensión, preocupación constante, dificultad para relajarse) puede traducirse en:
- baja tolerancia a la frustración
- respuestas agresivas o defensivas
- enfado rápido ante demandas o cambios
Por ejemplo, un adolescente con ansiedad puede reaccionar con irritación cuando se le pregunta por el colegio o por tareas pendientes, porque esas situaciones le generan mucha presión.
Depresión
En adolescentes, la depresión no siempre se manifiesta como tristeza evidente. Con frecuencia aparece como irritabilidad, cansancio o pérdida de interés.
En adultos, la depresión suele describirse principalmente como tristeza persistente.
Sin embargo, en menores puede aparecer como estado de ánimo irritable.
El DSM-5-TR señala que en niños y adolescentes el estado de ánimo depresivo puede manifestarse como irritabilidad persistente en lugar de tristeza.
Un adolescente que antes disfrutaba pasando tiempo con amigos o practicando deporte puede empezar a abandonar esas actividades y pasar cada vez más tiempo solo.
Esto se observa en situaciones como:
- respuestas desproporcionadas ante pequeños conflictos
- discusiones constantes con padres o hermanos
- enfado frecuente sin causa clara
- sensación de estar “siempre de mal humor”
A veces los padres describen el cambio así:
“Antes discutía como cualquier adolescente, pero ahora cualquier comentario termina en un enfado fuerte.”
Problemas de comportamiento
Algunos niños presentan dificultades para controlar impulsos, seguir normas o concentrarse.
Esto puede traducirse en interrupciones constantes en clase, dificultades para terminar tareas o conflictos frecuentes con profesores y compañeros.
Problemas relacionados con la imagen corporal
Durante la adolescencia aumenta la preocupación por la apariencia física.
Cuando un joven comienza a evitar comer con la familia, reduce de forma importante lo que come o muestra una preocupación constante por su peso, puede ser necesario prestar atención.
Señales de alarma que los padres pueden observar
Muchos padres se preguntan cómo distinguir un comportamiento típico de la edad de una señal de alerta.
Más que fijarse en un episodio aislado, es importante observar patrones que se mantienen durante semanas o meses.
Cambios en el comportamiento
Un niño que antes jugaba con amigos puede empezar a aislarse y pasar gran parte del tiempo en su habitación. También pueden aparecer cambios intensos en el estado de ánimo, con irritabilidad constante o discusiones frecuentes.
Dificultades en el colegio
El rendimiento escolar suele ser una de las primeras áreas donde aparecen señales.
Un estudiante que siempre había tenido notas estables puede empezar a suspender asignaturas, olvidar tareas o mostrar falta de concentración.
En algunos casos aparece resistencia a ir al colegio, acompañada de quejas físicas antes de salir de casa.
Síntomas físicos relacionados con el estrés
Los niños a menudo expresan el malestar emocional a través del cuerpo.
Dolores de cabeza o de estómago frecuentes sin una causa médica clara pueden estar relacionados con estrés o ansiedad. También pueden aparecer dificultades para dormir o cansancio constante.
Conductas de riesgo
En algunos casos pueden aparecer comportamientos preocupantes, como autolesiones o consumo temprano de alcohol u otras sustancias.
Estas situaciones requieren atención profesional.
Por qué muchos adolescentes no piden ayuda
Aunque las dificultades emocionales son relativamente comunes, muchos adolescentes no buscan ayuda.
Algunos piensan que deberían ser capaces de manejar lo que sienten por sí mismos. Otros temen ser juzgados o no saben cómo hablar de lo que les ocurre.
Por esta razón, el entorno familiar tiene un papel importante. Un ambiente donde se pueda hablar de emociones sin miedo facilita que los jóvenes compartan lo que sienten.
¿Qué hacer como padre si detecto señales de alarma en un hijo?
Cuando existe preocupación por el bienestar emocional de un hijo, algunas acciones pueden ayudar.
Observar cambios persistentes
Un mal día no suele indicar un problema. Los cambios que se mantienen durante semanas y afectan a diferentes áreas de la vida merecen atención.
Hablar con calma
Las conversaciones abiertas y sin juicio facilitan que los niños y adolescentes se sientan escuchados.
Buscar ayuda profesional
Cuando las dificultades persisten o afectan significativamente al funcionamiento diario, puede ser útil consultar con un pediatra, un psicólogo especializado en infancia y adolescencia o un psiquiatra infantil.
Prevención y bienestar emocional en la infancia para padres:
Algunas prácticas pueden favorecer el bienestar emocional:
- mantener rutinas de sueño estables
- fomentar actividad física
- promover una comunicación abierta en la familia
- supervisar el uso de pantallas y redes sociales
- apoyar intereses y actividades que refuercen la autoestima
Estas estrategias no sustituyen la ayuda profesional cuando es necesaria, pero ayudan a crear un entorno protector.
¿Cuándo buscar ayuda profesional cambios emocionales en niños y adolescentes?
Muchos profesionales utilizan una regla sencilla para orientar a las familias.
Cuando un cambio en el estado de ánimo o en el comportamiento:
- dura más de 2 meses
- aparece en diferentes contextos (casa, colegio, amigos)
- empieza a afectar a la vida diaria
suele ser recomendable consultar con un profesional.
Infancia y Adolescencia, salud mental y cuando pedir ayuda profesional:
Los altibajos emocionales forman parte del crecimiento. Sin embargo, cuando los cambios en el comportamiento, el estado de ánimo o el funcionamiento escolar se mantienen en el tiempo y afectan a la vida diaria, puede ser una señal de que un niño o adolescente necesita apoyo.
Reconocer estas señales y hablar de salud mental con naturalidad puede ayudar a que los jóvenes reciban la ayuda adecuada cuando la necesitan.

